Mientras no pasaba nada
B: Vengan los dos para acá. Tengo 2 cosas para decirles: La buena noticia es que se cortó la luz. La mala es que me van a tener que escuchar un rato.
M: ¿Otra vez vas a filosofar?
B: Probablemente. (Silencio. Se sientan.) ¿Saben qué me preocupa de la época en la que estamos viviendo? Que todo parece diseñado para que uno no sienta demasiado.
F: ¿Cómo que no sienta?
B: Que no se detenga. Que no piense. Que no atraviese nada incómodo. Todo empuja a lo mismo: dopamina rápida, entretenimiento constante, productividad sin pausa, falso optimismo (más bien negación de la realidad diría).
M: ¿Y qué tiene de malo pasarla bien?
B: Nada. El problema es cuando solo sabés pasarla bien… escapando (Silencio corto). La sociedad aprendió a hacer negocio con eso. Con que estés distraído. Comparándote. Corriendo atrás de algo que no sabés bien qué es.
F: ¿Comparándome con quién?
B: Con todos. Todo el tiempo. Antes te comparabas con tu barrio, con tu entorno. Ahora competís contra vidas editadas de gente que ni conocés. Eso te deja siempre en falta.
M: Pero eso es normal...
B: Sí. Es normal. Pero no por eso es sano. (Pausa). Hay algo que casi nadie quiere hacer hoy. Sentir en serio.
F: ¿Sentir qué?
B: Dolor. Duda. Incomodidad. Habitar esas cosas, esos sentimientos. Hoy parece que eso es un error. Como si la vida bien vivida fuera una vida sin dolor. Y no. Eso no es felicidad. Es anestesia.
M: Pero sufrir tampoco está bueno...
B: No. Nadie quiere sufrir. Pero hay una diferencia entre sufrir…
y escapar constantemente. (Silencio más largo). Si te pasás la vida escapando, lo único que lográs es cansarte. Porque lo que evitás... vuelve. Siempre vuelve.
M: ¿Y qué se supone que hagamos entonces?
B: No comprar todo lo que te venden. Ni las distracciones. Ni las respuestas rápidas. Ni las versiones simples de todo. Aprender a quedarse. A escuchar. A incomodarse un poco.
F: Suena difícil, ¿qué querés que te diga?
B: Y sí, lo es, sin dudas. Pero también es donde pasa lo importante... El dolor, cuando no lo evitás, tiene algo raro: se puede convertir en un terreno fértil para sembrar las futuras alegrías.
M: Mentira... Mirá que va a ser así
B: Pero sí, creeme zapalla!
M: Mmmm... no sé, no sé... Pero bueno, a ver ¿cómo sería eso?
B: Porque en esa incomodidad silenciosa del dolor, muchas veces se empieza a aclarar lo que importa. Se cae un poco el ruido. Las distracciones... pierden fuerza. Y ahí queda algo más crudo.
F: ¿Como qué?
B: Como vos. Como el otro. Porque cuando estás todo el tiempo escapando, estás demasiado ocupado con vos mismo. Con lo que te falta, con lo que querés, con lo que te duele. Pero cuando dejás de correr… hay más espacio. Y en ese espacio… empezás a estar distinto con los demás. Más presente. Más dispuesto a escuchar. Menos a la defensiva.
F: ¿Cómo a la defensiva?
B: Y... cuando estás muy metido en vos, todo te toca más. Te ofendés más fácil. Saltás más rápido. Pero cuando bajás un poco el ruido… no necesitás tener razón todo el tiempo. Podés quedarte. Escuchar. Incluso cuando no estás de acuerdo. Y ahí… recién ahí… pasan cosas más reales.
F: ¿Cómo qué? Porque me suena que estás delirando ya...
B: jajaja Puede ser... puede ser... No es algo tan claro tampoco. Pero… cuando no estás tan metido en vos... como que las cosas se ordenan un poco solas. No necesitás forzar tanto.
F: No sé... no estoy muy de acuerdo.
B: Está bien. (Sonrío) Tampoco hace falta que me creas ahora. Solo digo que a veces lo complicado no es la vida... es la forma en la que la evitamos... Y evitarla... es mucho más cómodo.
F: ¿Y por qué pasa eso?
B: Porque es más cómodo. Y la comodidad... se volvió una especie de religión. (Sonrisa leve.) Pero no todo lo cómodo es bueno. Y no todo lo incómodo es malo.
M: ¿Eso era todo? ¿O terminaste porque volvió la luz?
B: (Sonrío) Un poco y un poco.
F: Pero perá: ¿Y nosotros qué hacemos con todo eso?
B: Yyyy... traten de no anestesiarse tanto.
M: Bueno, bueno... pero, ¿Y vos? ¿Vos también hacés eso de evadirte a veces?
B: (Sonrío) Sí. Más de lo que me gustaría. A veces agarro el teléfono sin darme cuenta… como si algo me empujara. Y otras veces… me pierdo en ideas que no llevan a ningún lado.
M: ¿Otra vez vas a filosofar?
B: Probablemente. (Silencio. Se sientan.) ¿Saben qué me preocupa de la época en la que estamos viviendo? Que todo parece diseñado para que uno no sienta demasiado.
F: ¿Cómo que no sienta?
B: Que no se detenga. Que no piense. Que no atraviese nada incómodo. Todo empuja a lo mismo: dopamina rápida, entretenimiento constante, productividad sin pausa, falso optimismo (más bien negación de la realidad diría).
M: ¿Y qué tiene de malo pasarla bien?
B: Nada. El problema es cuando solo sabés pasarla bien… escapando (Silencio corto). La sociedad aprendió a hacer negocio con eso. Con que estés distraído. Comparándote. Corriendo atrás de algo que no sabés bien qué es.
F: ¿Comparándome con quién?
B: Con todos. Todo el tiempo. Antes te comparabas con tu barrio, con tu entorno. Ahora competís contra vidas editadas de gente que ni conocés. Eso te deja siempre en falta.
M: Pero eso es normal...
B: Sí. Es normal. Pero no por eso es sano. (Pausa). Hay algo que casi nadie quiere hacer hoy. Sentir en serio.
F: ¿Sentir qué?
B: Dolor. Duda. Incomodidad. Habitar esas cosas, esos sentimientos. Hoy parece que eso es un error. Como si la vida bien vivida fuera una vida sin dolor. Y no. Eso no es felicidad. Es anestesia.
M: Pero sufrir tampoco está bueno...
B: No. Nadie quiere sufrir. Pero hay una diferencia entre sufrir…
y escapar constantemente. (Silencio más largo). Si te pasás la vida escapando, lo único que lográs es cansarte. Porque lo que evitás... vuelve. Siempre vuelve.
M: ¿Y qué se supone que hagamos entonces?
B: No comprar todo lo que te venden. Ni las distracciones. Ni las respuestas rápidas. Ni las versiones simples de todo. Aprender a quedarse. A escuchar. A incomodarse un poco.
F: Suena difícil, ¿qué querés que te diga?
B: Y sí, lo es, sin dudas. Pero también es donde pasa lo importante... El dolor, cuando no lo evitás, tiene algo raro: se puede convertir en un terreno fértil para sembrar las futuras alegrías.
M: Mentira... Mirá que va a ser así
B: Pero sí, creeme zapalla!
M: Mmmm... no sé, no sé... Pero bueno, a ver ¿cómo sería eso?
B: Porque en esa incomodidad silenciosa del dolor, muchas veces se empieza a aclarar lo que importa. Se cae un poco el ruido. Las distracciones... pierden fuerza. Y ahí queda algo más crudo.
F: ¿Como qué?
B: Como vos. Como el otro. Porque cuando estás todo el tiempo escapando, estás demasiado ocupado con vos mismo. Con lo que te falta, con lo que querés, con lo que te duele. Pero cuando dejás de correr… hay más espacio. Y en ese espacio… empezás a estar distinto con los demás. Más presente. Más dispuesto a escuchar. Menos a la defensiva.
F: ¿Cómo a la defensiva?
B: Y... cuando estás muy metido en vos, todo te toca más. Te ofendés más fácil. Saltás más rápido. Pero cuando bajás un poco el ruido… no necesitás tener razón todo el tiempo. Podés quedarte. Escuchar. Incluso cuando no estás de acuerdo. Y ahí… recién ahí… pasan cosas más reales.
F: ¿Cómo qué? Porque me suena que estás delirando ya...
B: jajaja Puede ser... puede ser... No es algo tan claro tampoco. Pero… cuando no estás tan metido en vos... como que las cosas se ordenan un poco solas. No necesitás forzar tanto.
F: No sé... no estoy muy de acuerdo.
B: Está bien. (Sonrío) Tampoco hace falta que me creas ahora. Solo digo que a veces lo complicado no es la vida... es la forma en la que la evitamos... Y evitarla... es mucho más cómodo.
F: ¿Y por qué pasa eso?
B: Porque es más cómodo. Y la comodidad... se volvió una especie de religión. (Sonrisa leve.) Pero no todo lo cómodo es bueno. Y no todo lo incómodo es malo.
M: ¿Eso era todo? ¿O terminaste porque volvió la luz?
B: (Sonrío) Un poco y un poco.
F: Pero perá: ¿Y nosotros qué hacemos con todo eso?
B: Yyyy... traten de no anestesiarse tanto.
M: Bueno, bueno... pero, ¿Y vos? ¿Vos también hacés eso de evadirte a veces?
B: (Sonrío) Sí. Más de lo que me gustaría. A veces agarro el teléfono sin darme cuenta… como si algo me empujara. Y otras veces… me pierdo en ideas que no llevan a ningún lado.